El efecto de los gritos en los hijos

Nancy Steinberg · 23 noviembre, 2017

¿Eres una mamá gritona? Aunque no lo creas, esta forma de educar a tu hijo tiene consecuencias no tan buenas.

Castigar, especialmente en lo que se refiere a los castigos físicos, se ha convertido en una de las grandes prohibiciones de nuestra época. Cada vez son más los especialistas que investigan, hablan o escriben acerca del daño que conlleva castigar, y más los padres que se cuestionan si deben seguir castigando a sus hijos.

Pero a medida que esto sucede, hay una mayor cantidad de padres que recurren a los gritos como una forma de disciplina. Y claro, la polémica no se ha hecho esperar: ¿gritarle a los niños es tan malo como golpearlos?

Pues bien; muchos opinan que sí.

En realidad, si lo analizamos, gritar es una forma de castigar. Muchas veces recurrimos a los gritos como una forma de lograr que los niños hagan lo que nosotros queremos, cuando todo lo demás ha fracasado. En esos momentos olvidamos que el verdadero objetivo de la disciplina no es controlar, sino guiar a nuestros hijos, favoreciendo el aprendizaje y el desarrollo de habilidades sociales; es ayudar a que el niño aprenda las reglas que le permitan la convivencia en sociedad, sin perder su originalidad y sin tener que romperle el espíritu para lograrlo. Forzar a un niño a obedecer nada tiene que ver con eso.

Es muy común que, cuando le gritas a tus hijos, se establezca un círculo vicioso: no es que te guste gritarles, pero cuando tus hijos se portan mal, intentas de todo y, poco a poco, tu paciencia se debilita; la frustración toma el control y…  cuando menos te das cuenta, ya estás gritando.

Pero cuanto más gritas, menos escuchan, y por lo tanto, más fuerte tienes que gritar. ¡Qué triste, ¿no?

Otro resultado indeseable es que ellos mismos se convierten en expertos en gritar. Sí, los niños que viven en un ambiente donde se grita, aprenden a gritar

Los estudios recientes revelan que gritarle a los hijos puede ser tan dañino como el castigo corporal, y podría causar problemas de conducta y problemas de desarrollo emocional:

  • Gritar rara vez resuelve la situación; puede hacer que los niños obedezcan por un corto tiempo, pero no los hará corregir su comportamiento o sus actitudes.  
  • Les enseña a temer en lugar de entender las consecuencias de sus acciones
  • Gritar confunde a los niños. La mayoría de los padres enseña que se trata de una conducta inaceptable; entonces ¿cómo es que mamá está gritando? De la misma forma en que no se puede enseñar a no pegar pegando, no se puede enseñar a no gritar gritando.
  • Algunas investigaciones señalan que gritar hace que los niños sean más agresivos, física y verbalmente.
  • Por lo en general, gritar es una expresión de enojo; atemoriza a los niños y los hace sentir inseguros.
  • Cuando los gritos incluyen insultos verbales, puede calificarse como abuso emocional. Se ha demostrado que esto tiene efectos negativos  a largo plazo, como ansiedad, baja autoestima y aumento de la agresión.

Quizá lo más grave es que, según han encontrado algunos psiquiatras infantiles, gritarle a tus hijos puede dañar sus cerebros, así como lastimar sus oídos. Gritar provoca una reacción fisiológica tanto en los padres como en los niños:

  • Cuando una persona se frustra, su cerebro libera cortisol, la hormona del estrés; es como si la persona dejara de pensar: el centro cognitivo del cerebro se apaga y el centro emocional se hace cargo. Esto explica por qué los padres gritan. En respuesta, lo mismo les sucede a los niños: ante los gritos, sus niveles de cortisol suben, sus emociones toman el control, y pueden o quedarse congelados y no hacer nada, o responder gritando de regreso, o bien terminan haciendo un berrinche.
  • Si este tipo de estrés persiste, el funcionamiento emocional del niño puede verse seriamente afectado.
  • Esto explica también por qué, si bien los padres gritan en un intento de controlar, lo que transmiten a los niños es que están fuera de control.

Me queda claro que, a veces, es muy difícil no gritarles a tus hijos; la vida en familia es todo un caldero de emociones y hasta las familias más felices tienen su dosis de conflictos. Pero ¿en qué momento los gritos se transforman en intimidación, bullying o abuso verbal?

  • En parte es una cuestión de grado: cuando son incesantes y están cargados de rabia; cuando deja de haber momentos de amor; cuando hay insultos.
  • La edad del niño también es importante. Los niños pequeños no entienden la diferencia entre “gritarles” y “odiarlos”, diferencia que se aprende con la edad… y la experiencia.
  • Y, finalmente, lo que se dice y cómo se dice; por ejemplo, observa la diferencia entre “me siento enojada porque…” y “eres un mocoso desobediente, ya no te soporto!”

La mayoría de los “gritones” experimentan muchos sentimientos de culpa y, aunque muchos se preocupan del daño que ocasionan al gritar a sus hijos, la verdad es que muchos de los niños pronto aprenden a “desconectarse” y dejan de prestar atención. Lamentablemente, esto no significa ni que los padres dejen de gritar, ni que los gritos dejen de hacer daño.

 

¿Qué puedes hacer?

 

  • Recuerda la importancia de disciplinar en un ambiente de afecto; hay una enorme diferencia entre señalar la conducta como negativa a señalar a la persona como negativa. Por ejemplo: “cuando tú le pegas a tu hermano yo me enojo” frente “eres un niño malo.” Cuando los niños se sientan amados incondicionalmente, son más receptivos para dialogar y escuchar antes de que un conflicto se convierta en un episodio de gritos y enojo.
  • Date un tiempo fuera – es el único tiempo fuera que realmente funciona. Si sientes que estás a punto de perder el control y podrías levantar la voz, date un tiempo fuera. Avísale que, en ese momento, necesitas un tiempo para ti, cerciórate de que está seguro y retírate. Regresa cuando estés lista.
  • Establece en casa el hábito de hablar de las emociones. Mucha gente sólo conoce 2 emociones: “bien” y “mal”. Al  reconocer todas las emociones le estás enseñando a tus hijos que todas son parte de nuestro repertorio humano. Entonces serán capaces de reconocer emociones “negativas” como la ira, de la que se puede aprender si se maneja adecuadamente.
  • Habla de su mal comportamiento con calma, pero con firmeza; todos los niños se portan mal de vez en cuando - eso es parte de crecer. Háblales de una manera firme y respetuosa, que deje intacta su dignidad, pero que deje en claro que ciertas conductas no son aceptables.
  • Evita los castigos y las  amenazas, que crean más sentimientos de enojo, resentimiento y conflicto, humillan y avergüenzan a los niños, haciendo que se sientan inseguros. Utiliza, en cambio, las consecuencias naturales de sus acciones. 
  • Permite que tus hijos sepan lo que esperas de ellos usando un lenguaje simple: "Por favor, guarda tus juguetes ahora".
  • Utiliza un lenguaje positivo: "Cuando hayas guardado tus juguetes, puedes salir a jugar con tus amigos".
  • Dile qué debe hacer en lugar de qué no hacer: "Habla en voz baja", en lugar de "¡Deja de gritar!"

Finalmente, recuerda: si a pesar de todos tus esfuerzos llegas a gritar, acéptalo y discúlpate. Así tus hijos aprenderán una importante lección: todos cometemos errores; entonces debemos disculparnos y, siempre que sea posible, enmendar el error.

 

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